Temas Hípicos. La importancia de un buen herrado en el caballo de carrera

Óscar Hernández

Es fundamental y necesario el uso de herrajes en los caballos de carrera.

 

Continuando con los Temas Hípicos, en esta ocasión, brindaremos una nota sobre la importancia y debido cuidado de poner y colocar un herraje a un caballo de carrera, que resulta tan necesario, en el momento de competir. Esperemos que este interesante artículo sea del agrado de nuestros múltiples lectores.

La importancia del uso del herraje en los caballos de carrera

Por Juan Pablo Ortega

¿De qué forma el herrado puede alterar el correcto funcionamiento del pie del caballo?

Antes se solía decir que el herrado era un “mal necesario”. En la actualidad, muchos piensan que clavar una herradura en el casco no es imprescindible, sin embargo, las condiciones de vida que damos a nuestros caballos lo hacen necesario en la mayoría de ocasiones. Es importante saber las consecuencias que puede tener un herrado mal realizado en la salud de nuestro caballo. Conoce las estructuras del pie del caballo, los factores que afectan a su calidad y las ventajas de un herrado correcto.

LA IMPORTANCIA DE UN BUEN HERRADO

Estructuras del pie del caballo

Nos referiremos en este artículo al “pie” del caballo, considerando todas las estructuras que forman parte del mismo, casco (caja córnea), huesos, tendones, y otras estructuras que están dentro del casco propiamente dicho. Para no crear confusión no hablaremos de manos y pies sino de anteriores y posteriores.

El herrado del caballo es un hecho rutinario, al que muchos no le dan la suficiente importancia. Sin embargo, un herrado bien hecho es un trabajo exigente y que debe ser realizado por un profesional bien preparado.

El casco del caballo crece, al igual que nuestras uñas, continuamente. Se estima que cada mes el casco crece entre 6 y 10 mm como término medio, en función de diversos factores. Entre ellos se encuentran, la edad, la alimentación, el trabajo, la estación del año, el clima, etc. Este crecimiento se ve compensado por un desgaste continuo producido por el terreno.

En estado salvaje, el caballo está en movimiento continuo, logrando que sus pies estén bien adaptados para el trabajo que tienen que realizar. Si, como consecuencia de la domesticación y de las condiciones de vida en las que le limitamos el movimiento, el caballo pierde la posibilidad de tener sus pies sanos y bien adaptados al terreno por el que caminan, será necesario proteger de alguna manera el casco del desgaste. Para ello el hombre ha desarrollado a lo largo de la historia, y lo sigue haciendo, diferentes formas de protección. La más eficaz y más difundida es el herrado con herraduras metálicas tradicionales. Podríamos definir la herradura como una banda o tira metálica, curvada sobre uno de sus bordes, que se aplica al casco, sujetándola al mismo con clavos implantados en la pared, con el objeto de evitar el desgaste de dicho órgano.

 

Y, sin embargo, con ser necesario en muchas ocasiones, hemos de reconocer que el hecho de clavar una herradura (rígida) sobre el casco (flexible) dificulta el normal funcionamiento del mismo, impidiendo el equilibrio natural del pie. Es por eso que el herrador debe estudiar y conocer en profundidad la anatomía, fisiología y biomecánica de los miembros y pie del caballo. De esa forma interferirá lo menos posible en su correcto funcionamiento.

Como todos sabemos, el caballo es un animal herbívoro, siendo una presa en la naturaleza. Para defenderse de sus depredadores, ha desarrollado una gran capacidad de huída, pudiendo alcanzar una gran velocidad en un corto espacio de tiempo.

Para llegar a su forma actual, el caballo ha evolucionado a través de miles de años hasta llegar a ser un animal ungulado perisodáctiloUngulado nos indica que tiene cascos, que son estructuras protectoras de tejido córneo duro al final de sus miembros; este tipo de tejido es igual al tejido de las uñas, es un material tubular queratinizado. Perisodáctilo es el ungulado que tiene un número impar de dedos en cada miembro. Como sabemos el caballo tiene un solo dedo (el corazón), quedando vestigios evolutivos de los otros cuatro.

Para aligerar de peso el extremo de sus miembros y disminuir el esfuerzo necesario para la carrera, sus músculos se sitúan en la parte superior de los mismos (no hay músculos por debajo de la rodilla o el corvejón) próximos a su centro de gravedad. Ha desarrollado unos potentes tendones que trasmiten la contracción muscular hasta la articulación interesada, y un sistema ligamentario encargado de mantener las estructuras del miembro con un mínimo gasto energético.

 

Esta evolución ha desarrollado unas estructuras perfectas y bien adaptadas para la función requerida, pero muy sensibles a las condiciones o manipulaciones externas. Entre ella se encuentra el herrado, que puede generar alteraciones funcionales que, si se mantienen en el tiempo, pueden dar lugar a deformaciones estructurales, a veces irreversibles, que acortan la vida útil del caballo.

 

Debido a la gran capacidad de adaptación del caballo, este es capaz de modificar su locomoción de forma imperceptible para compensar un desequilibrio funcional. A largo plazo, esta alteración del movimiento puede originar lesiones en diferentes estructuras o niveles, que serán de cierta gravedad según la estructura afectada y el tiempo que ha durado la disfunción.

Las estructuras del pie del caballo sin herrar están adaptadas para absorber la energía producida por el impacto contra el suelo, ya que, al estar constituidas por materiales elásticos, estos se deforman de un modo viscoelástico, adaptándose en función de las fuerzas que ocurren en el interior de la cápsula del pie (casco) y las fuerzas compresoras externas que actúan contra el pie desde el suelo.

En la primera fase del impacto del pie sobre el terreno se produce la amortiguación, en la que se genera la absorción de la onda de choque. Si a causa de la herradura y de su mala adaptación y colocación, el pie no realiza adecuadamente esta función, la onda es absorbida casi en línea recta llegando a diferentes regiones: pie (casco y sus estructuras internas), rodilla, espalda y vértebras. Esto es referido al miembro anterior, ya que soporta aproximadamente el 60 % del peso del caballo. El miembro posterior, está diseñado para impulsar, por lo que su funcionamiento es diferente, siendo esta una de las causas por las que nos encontramos mayor número de patologías en los pies anteriores que en los posteriores.

Casi todas las articulaciones distales (más alejadas del cuerpo) del pie del caballo, son articulaciones denominadas bisagras, que no permiten casi el movimiento lateral de las mismas. Están diseñadas para que el movimiento articular sea de flexión-extensión; es así como el caballo está diseñado para correr en línea recta, siendo un error que luego pasa factura y que ha sido perpetuado durante generaciones, dar cuerda en un círculo pequeño durante horas a los potros en pleno crecimiento.

 

También el desgaste del casco, realizado en estado salvaje, produce en el caballo el aplomado perfecto en relación a la conformación individual de sus miembros y la necesidad de carga y distribución de peso de sus extremidades. Cualquier cambio en la transmisión de fuerzas a través de la extremidad puede ocasionar lesiones a nivel de las articulaciones. Por eso es tan importante que el recorte y aplomado del casco sea el correcto, correspondiendo con las necesidades del propio pie y no con un ideal, totalmente subjetivo, por parte del herrador.

Factores que afectan a la calidad de la pared del pie del caballo

Todos los factores que afectan a la calidad y funcionamiento natural de la pared del pie del caballo van a modificar la funcionalidad del mismo:

-Una alimentación deficiente.

-Un clima frío y seco o demasiado húmedo.

-La falta de limpieza.

-La forma inadecuada del estuche córneo (topino, palmitieso, etc) que puede ser hereditaria o adquirida.

-Las deformaciones de los túbulos córneos, que pueden tener diferentes causas.

-Un hábitat no adaptado a la especie, aunque pueda parecer muy cómodo y agradable para el ser humano.

-Un herrado mal realizado y/o prolongado en el tiempo.

Todos estos factores y otros más van a originar una córnea de mala calidad, que se resquebraja con facilidad y que, por falta de flexibilidad, no es capaz de absorber los impactos correctamente.

 

El tipo de suelo también afectará. En un suelo blando el impacto será menor que en un suelo duro. En un tipo de suelo como el asfalto (duro) y con un caballo herrado, los efectos se multiplican, ya que la herradura además de impedir la capacidad del pie del caballo para amortiguar el impacto, va a aumentar los efectos del mismo, favoreciendo la aparición de lesiones osteo-articulares a lo largo del miembro. Por el contrario, un suelo demasiado blando y profundo tiene el riesgo de lesiones tendinosas, ligamentarías y musculares.

No es verdad que un herrado bien hecho y dentro de sus tiempos vaya a causar graves perjuicios a nuestro caballo. Una adaptación adecuada de la herradura mantendrá e incluso mejorará, en muchas ocasiones, el movimiento natural del caballo para determinadas disciplinas. Es interesante el herrado ortopédico en algunas patologías en las que no podemos mantener el caballo descalzo por diferentes razones.

También hay que considerar el herrado corrector en potros. En este caso es imprescindible actuar en edades muy tempranas para poder corregir defectos de conformación y aplomo. Aquí, una vez más, la colaboración entre veterinario y herrador se hace imprescindible.

 

¿De qué forma el herrado puede alterar el correcto funcionamiento del pie del caballo?

 

Un herrado correcto debe atender a varios factores para no interferir en la fisiología y funcionalidad natural del pie y del miembro. El primero de ellos es un correcto aplomado; nos referimos al recorte adecuado del casco para que el caballo distribuya el peso sobre la superficie del casco correctamente, en función de sus propias necesidades. En este sentido se deberá considerar el recorte según los factores naturales que nos indica el propio casco, siendo estos los que nos van a dar el pie adecuado para ese caballo-individuo. Un error en este ámbito puede tener graves consecuencias a medio o largo plazo, entre las que se encuentran desequilibrios en el pie, síndrome navicular, artritis, modificación de los aires, tropezones, problemas del dorso, talones colapsados, cuartos y fisuras y otros.

 

En segundo lugar, tendremos en cuenta que la elección de la herradura, tipo, material y talla sean los adecuados en relación a la conformación del caballo, tipo y tamaño del pie, actividad y disciplina. En relación directa con la herradura hay que considerar la adaptación de la misma a la forma del casco. Es un error muy común colocar una herradura más pequeña que la necesaria, sin adaptar su forma a la del casco, solo abriendo o cerrando sus ramas. Esto deja el resto del trabajo a la escofina que, retirando todo el sobrante de córnea, disminuye cada vez más el tamaño correcto del pie, eliminando superficie de sustentación y provocando cascos frágiles, agrietados y con una pared reducida a su mínima expresión. Tampoco es beneficioso lo contrario, es decir, una herradura más grande del tamaño propio del pie, que aunque pudiera parecer que va a distribuir mejor la carga al ser mayor su superficie, no es así. Esto solo sería cierto con el caballo en estación (parado), pero nosotros herramos pensando en un caballo en movimiento. Es entonces cuando el aumento de las palancas originadas por una herradura demasiado grande perjudica de forma importante la funcionalidad de la articulación interfalangiana distal (la que está dentro del pie).

Otro factor a tener en cuenta es el número y colocación de los clavos, así como su tamaño. Hemos de tener en cuenta que, cuantos más clavos pongamos, más agresión sufre el pie y más impedimos su correcta expansión. Esto es así sobre todo si los clavos están colocados en la parte posterior del casco (cuartas partes y talones), pudiendo ser esta una de las causas de la encastilladura. Una esmerada terminación (biselado, escofinado y correcto remachado), hará que el caballo no se produzca cortes, interferencias y alcances.

 

Por último, la renovación regular del herrado es imprescindible para poder mantener sus pies y las prestaciones del caballo en sus más altas cotas. Incluso aunque las herraduras no hayan sufrido desgaste, es necesario retirarlas y devolver al casco su tamaño y ángulos correctos. Esta operación debe realizarse cada 40-50 días como máximo, siendo preferible ponernos el tope de 6 semanas para volver a avisar al herrador. Una negligencia por parte del propietario, en este sentido, puede ser causa de escarzas (hematomas en la suela), deformaciones en el casco, tendinitis por cambio de angularidad del casco, cuartos y fracturas, encastilladura, síndrome navicular y una larga lista de problemas fácilmente evitables.

En el caso de que el caballo vaya a permanecer durante un tiempo en descanso o sin trabajar, es preferible retirar las herraduras, aunque se debe seguir revisando y arreglando los cascos con la misma regularidad.

Los cuidados y un herrado apropiado, permiten que el casco mantenga una forma normal. Estos cuidados son especialmente necesarios cuando el casco pierde sus condiciones normales como consecuencia de una mala alimentación, de un ejercicio insuficiente, de una falta de higiene en el box o de un herrado defectuoso.

Un herrado adecuado, realizado de una forma profesional y siguiendo las normas básicas, es imprescindible para el correcto funcionamiento del pie del caballo. Pero no solo es responsabilidad del herrador el bienestar de los pies del caballo; en esta materia deben estar implicados y en estrecha colaboración el propietario, el veterinario y el herrador. Un correcto trabajo en equipo marcará una gran diferencia en el bienestar y las prestaciones del caballo.

 

 

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