Mario Galantini: Y sus crónicas: Chiquirín y Golden Form

Óscar Hernández ,

Golden Form fue uno de los mejores caballos en Monterrico.

 

CHIQUIRÍN Y GOLDEN FORM, por Mario Galantini

Cuando me preguntan acerca del “Top 5” de los caballos que he visto correr en Monterrico, no dejo de mencionar a Chiquirín, el hijo de Chacal y La Mininita, que defendió los colores de “Las Alitas”, preparó Miguel Arteta y condujo Melanio Rojas (la mayoría de las veces). En honor a la verdad, sin embargo, Chiquirín jamás pudo ganarle, en las varias veces que se enfrentaron, a Golden Form, el lujoso hijo de Clover y la campeona Maidenform, del “Emilito”, preparado por Sabino Arias y conducido en casi toda su campaña por Aníbal Prado. Ellos dos, Chiquirín y Golden Form, protagonizaron a inicios de 1980 un match que prácticamente paralizó a los hípicos de aquel entonces. Y esta es la historia.

Previamente, algunos antecedentes. Ambos como juveniles tuvieron muy buenos resultados. En el primer trimestre de 1979 se encontraron por primera vez; fue con motivo de la disputa de la milla del “Túpac Amaru”, clásico en el cual Golden Form se le adelantó por pescuezo a Chiquirín, a solo un mes del inicio de las coronas de la generación. Y ambos llegaron como las estrellas de la “Polla de Potrillos”, junto a Piz Buin y a la incógnita que representaba el emergente Vaduz. A mitad de semana, sin embargo, Golden Form se lesionó y salió no solo de la carrera sino también del resto de las coronas, coronas que sí corrió Chiquirín, y que le valieron convertirse en el “runner up” del triple coronado Vaduz, llegando tercero en la “Polla” y escoltándolo tanto en el “Ortiz” como en el “Derby”.

¿Qué pasó luego del Derby? Por un lado, Chiquirín se convirtió en un fenómeno, una locomotora. No solo dejó fuera de poste en el “Gran Premio Nacional” a Vaduz, que de ahí marchó a hacer historia en la reproducción (aunque, en sentido estricto, el hijo de Vayesmere prácticamente no corrió esa carrera, producto de un fuerte golpe en el partidor), sino que comenzó a arrasar a los mayores, con un desplazamiento que dejaba boquiabiertos a los aficionados y en tiempos extraordinarios. Esa segunda mitad del 79 se llamó Chiquirín. Golden Form, por su parte, recién pudo estar en condiciones de reaparecer a fines del 79 (con Chiquirín curado por esos meses), pero fue en los primeros días del 80, con ocasión del “Ciudad de Lima” cuando presentó plenamente sus credenciales: despaturró a la plana mayor, arañando el récord de los 2700 metros. Y con esos antecedentes llegaron a disputar en match los 2400 metros del Enrique Meiggs, programado para la tarde del 17 de febrero de 1980.

Las “hinchadas” estaban divididas y eran casi irreconciliables. Chiquirín, por su parte, había dejado una imagen de fuera de serie como casi nunca se había visto en Monterrico; ello, sumado a su origen “plebeyo”, le granjeaba múltiples simpatías. Golden Form, por otra parte, era el hijo esperado de la querida Maidenform, que llegaba pleno, con un paso destroncador que no cedía; y que podía hacerle sentir a Chiquirín sus 3 meses de ausencia de las pistas.

El entusiasmo y nerviosismo en sus respectivos studs era evidente. Cada uno de ellos lanzaba sus respectivos pregones de arenga. Pregones que yo me tomaré la libertad de “traducir” en forma de décimas1.

Según los seguidores de Chiquirín:

A Golden Form no tememos

Solo hubo un Santorín

Hoy es tiempo de Chiquirín

Así que creamos, confiemos

Porque las cosas que vemos

Con Vaduz fuera de poste

Convierten en armatoste

Al pituco atrevido

Que seriamente herido

Pagará caro el coste.

Los hinchas de Golden Form replicaban:

Quién es ese descastado

Que se la da de muy bueno

Probará dulce veneno

Como jamás ha probado

Estado alucinado

Verá al día siguiente

Cuando su triste presente

Le diga que no es ya más

Y no será nunca jamás

Un crack Maidenform viviente.

El resultado ya lo sabemos: Golden Form aguantó a pie firme cada una de las cargas de Chiquirín, y lo terminó ganando por dos cuerpos. El hijo de Chacal no volvió a ser el fenómeno que fue, y Golden Form se paseó por dos calendarios clásicos seguidos, aunque dejando deudas a nivel internacional. Pero este match pasó a la historia grande, y ellos, como dos grandes que crearon hípica de la buena.

 

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